2018: el año que aprendí a vivir.

Después de cinco meses, me siento preparada para hablar más en profundidad de lo que vivimos como familia a comienzos de este año y de contarte que he aprendido de la vida y de la muerte.

Cuando estaba embarazada de Nina a las 32 semanas esa mañana desperté y al abrir los ojos una voz en mi cabeza me dijo: necesito un ultrasonido. No lo pensé y lo repetí en voz alta. Ese día tenía agendada mi hora con mi ginecólogo y me fui a mi cita con la certeza de que tenía que tener un segundo ultrasonido – por temas conflictivos con el seguro médico obtuve mi primer ultrasonido a las 19 semanas de gestación lo que se considera relativamente tarde para un primer ultrasonido. Le pregunté a mi médico si podía enviar la orden para un segundo ultrasonido y me respondió que no que ya era muy tarde en el embarazo. Insistí. Me cuestiono con la mirada. Insistí aún más esta vez apelando a mis derechos. Respiro profundo y me dijo ok de malas ganas.

Fuimos todos como familia a mi ultrasonido y fue largo. Me dejaron esperando después del examen y ahí sentí que algo pasaba. Cuando mi doctor revisó  el examen se percató de que algo venía diferente en la cabeza de mi bebé y que el plan para nosotros cambiaba. Se nos dio vuelta el mundo por primera vez. No sabíamos que esa sería la primera de varias. 

A las 35 semanas llegó Nina, ya sabía que venía temprano, me aviso en un sueño unos días antes. Me mostró que sería inesperado y que sería sin dolor (por lo que asumí sería cesaría) y esa información sería crucial cuando el doctor nos hiciera responsables de el tipo de alumbramiento que Nina y Yo experimentaríamos cuando entre contracciones fuertes me pregunta: quieres cesárea o parto normal? – en mi cabeza yo le preguntaba de vuelta: y no es usted el doctor? 🙄

Me acorde del sueño y elegimos cesárea, además no sabíamos que condición traía Nina específicamente y el parto normal podría afectar más su cabeza. Nina nació a las 9 de la noche, perfecta. Al día siguiente a eso de las 3 de la tarde – mientras aún en el hospital- llegan varias personas a mi habitación con papeles para firmar diciéndome que tiene. La ambulancia list para trasladar a Nina a la UCI pediatrica a otro hospital. Entre lágrimas firmó papeles y me despido de ella. Que está pasando? Otra vez mi mundo se derrumbó. Se la llevan. Mi marido se va con ella.

No se cuanto tiempo, cuantas horas pase llorando sola en ese hospital, pero fue suficiente para que las enfermeras hablaran con el doctor y me dieran de alta a los dos días de mi cesárea. A penas caminaba pero tenía tanta fuerza interna y ganas de ver a mi bebé que caminé y caminé por siete días de entrada y salida de la UCI. Me la pasaba acurrucándola casi todo el día o lo que más podía hasta que llegaba la hora de irme a casa y ser fuerte para mi Niño de dos años que también estaba afectado porque su mamá no estaba en casa. 

 

Nina se recuperó. Los doctores concluyeron que tuvo un accidente vascular en el cerebro mientras estaba en el utero y que como resultado de eso quedó con hidrocefalia. 

En Junio de este año Nina tuvo su primera operación para poder solucionar su acumulación de fluido en el cerebro (hidrocefalia). El neurocirujano nos advirtió que podríamos ver alguna reacción como convulsiones para estar atentos.  A la hora de salir de la operación, mientras tengo a Nina en los brazos ella deja de respirar y se comienza a poner azul. Mi marido corre por ayuda y comienza la reanimación. Y aquí mi mi do de nuevo se da vuelta, estoy perdiendo a mi hija. Mi bebé se va…

Por favor quédate con nosotros, te amamos. Por favor. Es lo único que recuerdo que repetía en mi mente una y otra vez mientras veía como los doctores la traían de vuelva una, dos y tres veces. Finalmente la entubaron ya que no podía respirar por si sola. No dormí. La miré toda la noche. Estaba traumada, en shock. Sentía que si la dejaba de mirar se me iba. Me costaba pestañear. Nunca me sentí tan perdida y tan fuerte a la vez. 

Se recuperó de nuevo. Pero al pasar los días notamos que su cabeza comenzaba a agrandarse otra vez. Llamé al doctor, y agenda cirugía de nuevo para el día siguiente. Aquí vamos de nuevo en solo unas horas, mi mundo da vueltas pero la fortaleza sale de no se donde.

6 de Julio: Nina cumple 4 meses. Es el día de su segunda cirugía. La miro y pienso solo 4 meses y ya vas a llevar dos cirugías. Eres mi héroe. 

Siento miedo. Y si se quiere ir otra vez? 

Esta vez todo salió bien. Ya estábamos preparados para las convulsiones si que estaba con medicamentos. Que alegría, salió bien. Es 9 de Julio y nos vamos a casa, ya perdí la cuenta de cuantos días llevaba en el hospital sin ver a mi niño. Me perdí su cumpleaños incluso, ese día ha sido uno de los días más tristes de mi vida. Mi corazón se partió en dos de no poder estar con el en sus dos años pero mi corazón de madre sabia que necesito priorizar en ese momento.

Nina hoy en día está bien y recuperándose de todo lo vivido. Ella no lo recordará pero yo como madre siempre que mire sus ojos recordare todo lo que vivimos juntas a tan corta edad. La admiro, ella no se imagina todo lo que la admiro y todo lo que me h enseñado. Oliver me enseñó a ser mamá. Nina me enseñó a vivir porque lo único seguro es el ahora. Y ambos me enseñaron a amar sin condiciones.